miércoles, 13 de julio de 2016

¿POR QUÉ LA MAYORÍA DE BRITÁNICOS QUE VOTARON SE DECANTARON POR EL ‘BREXIT’?
El pasado 23 de junio 17.410.742 británicos (el 37,44% del censo electoral) optaron por abandonar la Unión Europea, dando lugar así a una mayoría del 51,9% sobre el total de participantes en este proceso. Esta arriesgada decisión tuvo lugar cuarenta y tres años después del ingreso de Reino Unido en la entonces CEE, una pertenencia siempre cuestionada por amplios sectores de la población y de las élites políticas, especialmente por aquellos cuyo origen es inglés. Ello contrasta, tal y como expuse en este mismo medio en mi artículo ¿Por qué la sociedad española es europeísta?, con la tendencia eurófila de la mayoría de los españoles.
¿A qué se debe entonces el apoyo al ‘Brexit’ de una parte muy importante de los habitantes de este país?
La causa más significativa es la demográfica. De acuerdo con Eurostat, Reino Unido era en 2015 el segundo país comunitario con mayor número de residentes extranjeros (5,7 millones). Asimismo, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS), entre 2014 y 2015 la migración neta fue de 330.000 personas (el número neto de inmigrantes de la UE fue de 184.000, de acuerdo con este mismo organismo), suponiendo ello un aumento del 39% respecto al ejercicio anterior.
Además, hay que tener en cuenta que entre 2008 –año de inicio de la Gran Recesión- y 2014 el saldo migratorio neto fue favorable igualmente a la inmigración, oscilando la diferencia respecto a la emigración entre 100.000 y 300.000 personas. Todos estos datos explican, en buena medida, el ascenso del populismo de derechas, cuyo contundente discurso contra todo tipo de inmigración colisiona específicamente con el principio comunitario de libertad de circulación de personas físicas.
Relacionada con la anterior, a nivel geopolítico, el contexto de terrorismo islámico, extendido internacionalmente, más la oleada de refugiados a Europa, existente hasta el acuerdo de expulsión UE-Turquía de este año, ha generado una identificación entre la tibieza en las políticas migratorias y el avance del terrorismo, lo que ha supuesto unos mayores niveles de islamofobia. Así, según la Policía Metropolitana de Londres, en 2015 subieron un 70% los casos relacionados con este fenómeno.
En el plano económico, los partidarios del ‘Brexit’ han sostenido que abandonar la UE supondría “liberarse” de los gastos destinados a Bruselas (176,36 euros anuales aporta cada individuo, de acuerdo con Graphic News), argumentando que estos han sido siempre superiores a las ayudas recibidas.
Desde una óptica identitaria, por un lado, el carácter de gran potencia del Imperio británico durante buena parte de la Edad Contemporánea más el hecho de que Reino Unido sigue siendo una de las siete principales potencias mundiales ha generado un fuerte orgullo patriótico en muchos de sus habitantes, especialmente entre aquellos afines al conservadurismo, quienes no desean que el poder de su país se vea diluido dentro del ente transnacional.
Por otra parte y siguiendo con este punto, este Estado siempre ha mantenido una política exterior de signo atlantista, debido a la existencia de intereses económicos en las relaciones con EE.UU., así como a los vínculos sentimentales que mantienen con esta nación. De esta forma, la mayoría de sus habitantes ven en el intento de consecución de una UE fuerte y plenamente integrada políticamente un perjuicio a su principal aliado, así como a esta privilegiada relación histórica.
Finalmente, en términos geográficos y sin considerarla una causa muy significativa, el aislamiento respecto a la Europa continental, al tratarse de un archipiélago ubicado en el oeste, no influyó en la adquisición de un sentimiento europeísta mayoritariamente extendido.
En conclusión, el carácter demoliberal fuertemente asociado a este país, y que impregna algunos de los elementos que componen la Europa que hoy conocemos, no compensa un conjunto de circunstancias que derivaron en la primera salida de un Estado miembro de la UE, que será plena posiblemente en 2018.



domingo, 15 de mayo de 2016


UN NUEVO ESPECTRO EN EL PANORAMA POLÍTICO ESPAÑOL: CLEPTOCRACIA/REGENERACIONISMO
Este 15 de mayo se cumple un lustro del nacimiento del Movimiento 15-M. Este colectivo surgió a raíz de las manifestaciones existentes en numerosos municipios españoles en esa fecha de 2011 en contra del parco nivel ético-político que sus simpatizantes observaban en numerosos representantes públicos, así como de una estructura y políticas socioeconómicas consideradas desigualitarias.
A diferencia de otras movilizaciones cuyos objetivos políticos eran semejantes, aquellas no fueron convocadas por organizaciones izquierdistas, sino por ciudadanos con distinto grado de participación social. Además, la mayor parte de los sujetos no enarbolaba ninguna consigna ideológica concreta. Aunque la mayoría de los propósitos encajaban dentro de las propuestas socialistas, la perspectiva estaba enfocada desde el punto de vista de la regeneración institucional.
¿Y qué entendemos por regeneracionismo? Pues la preconización de normas, instituciones y cargos públicos que poseen los siguientes rasgos: vocación de servicio, honestidad, transparencia, garantía judicial, fomento de la participación e igualdad de trato y de oportunidades. El fin último es la consecución de un elevado índice de desarrollo humano (IDH) –compuesto por tres parámetros: esperanza de vida, educación y PIB de acuerdo con los planteamientos de la ONU-, así como de bajos niveles de corrupción, a partir de los patrones establecidos por Transparencia Internacional. Este segundo fin, como podemos deducir, va ligado al anterior.
Por otro lado, el elemento regeneracionista ya había sido analizado y defendido en España a comienzos del siglo pasado por el pensador Joaquín Costa desde una óptica autoritaria y neoilustrada, así como, una centuria después, por los partidos políticos Ciudadanos (creado en 2006) y, con un mayor énfasis, por UPyD (nacido en 2007); ambos, de corte liberal-radical.
De esta forma, este discurso renovador y posmaterialista se extendería considerable y principalmente en organizaciones partidistas de la “vieja” (BNG o IU) y “nueva” izquierda alternativa (Podemos, Equo, ICV o Anova-IN), fundamentalmente a raíz de la crisis socioeconómica y política, así como de la eclosión del mencionado movimiento y de otros análogos, como 15MpaRato o Democracia Real Ya, consecuencias de lo anterior al fin y al cabo. Asimismo, este nuevo contexto social ha dado lugar a que incluso los partidos de la “vieja política” hayan insistido notablemente en conceptos como la “transparencia” (PP) o fomentado un mayor nivel de participación interna (PSOE).
En consecuencia, en esta década podemos observar como la política española no solo pivota en torno a un mayor o menor nivel de igualdad o de centralización/descentralización, sino a ámbitos temáticos como: la lucha contra el fraude fiscal, la defensa de la independencia real del poder judicial y de las empresas públicas audiovisuales, el fomento de las elecciones internas y externas, la publicidad de las actividades llevadas a cabo por las instituciones, la separación entre el poder político y el empresarial, la defensa de los servicios públicos, la racionalización administrativa, la eliminación de prerrogativas a cargos públicos, etc.
Como vemos, en la teoría todos estos aspectos casarían con los rasgos del regeneracionismo enunciados anteriormente y algunos de ellos, especialmente aquellos más ligados a la idea de igualdad, al discurso de los distintos colectivos de izquierda. Así, aunque al igual que Podemos el Movimiento 15-M ha huido de etiquetas ideológicas, no cabe duda, al leer sus propuestas, que ambos están ubicados en la misma área de ese espectro. No obstante, el regeneracionismo no es en absoluto patrimonio de la izquierda, sino que es en cierta medida transversal.
Finalmente, la oposición al deseo de todas estas metas es la cleptocracia o institucionalización de la corrupción. Consecuentemente, esta última no es defendida abiertamente por ninguna organización, a diferencia del resto de dimensiones que componen los distintos ejes a través de los cuales se mide la política.