viernes, 25 de marzo de 2016

LAS DESVENTAJAS DEL MODELO PARLAMENTARIO
El pasado 20 de marzo se cumplieron 3 meses desde las elecciones generales de diciembre de 2015 y todavía no se ha formado un ejecutivo central en España. Este hecho es insólito en la historia política de nuestro país, donde los resultados electorales siempre habían permitido la conformación de mayorías sólidas o estables en el parlamento.
Como sabemos, nuestro modelo político-institucional, desde el punto de vista de las relaciones entre los poderes legislativo y ejecutivo, es de tipo parlamentario, caracterizado, entre otros aspectos, por el hecho de que el nacimiento de un nuevo gobierno depende directamente del apoyo al mismo en la Cámara Baja mediante la consecución de mayoría simple, absoluta o cualificada. Es propio de democracias consensuales, como precisamente la española, donde hay una notable complejidad en las relaciones institucionales y heterogeneidad sociológica.
Cuando en el título menciono el término “desventajas”, lo hago, en primer lugar, considerando las dificultades que puede conllevar este modelo desde el punto de vista de la creación del segundo pilar del Estado, la cual dependería del grado de atomización parlamentaria y de la altura de miras de los líderes políticos.
En segundo término, la elección del presidente (encargado, entre otras funciones, de la formación de gobierno) es indirecta, de tal manera que en este aspecto no se tiene en cuenta a los ciudadanos y sí a las mayorías parlamentarias, que, en algunas ocasiones, parten de acuerdos de “despachos” entre organizaciones partidistas cuyos representantes fueron elegidos por individuos que no apoyarían tales pactos. Así, por ejemplo, Pedro Sánchez pudo haber sido elegido jefe de gobierno con el apoyo de Ciudadanos, un partido cuyo principal caladero de votos fue el PP (42,8%, aproximadamente, según Brújula Electoral).
En tercer lugar, desde una perspectiva estrictamente jurídico-política, los poderes legislativo y ejecutivo son diferentes, pues promulgan normas de naturaleza diferente, donde prevalecen siempre las primeras. Si bien es cierto que normalmente la voluntad del voto de la mayoría de la gente no tiene en cuenta esta separación de poderes, y estos dos suelen estar políticamente interunidos, dicha interrelación impide un juicio o elección por separado de los representantes de ambas esferas, así como del sentido político para cada caso. Si los principales partidos pretendiesen establecer un modelo semipresidencial –caracterizado por la elección directa del presidente (en segunda vuelta, en tal caso)-, sería obligatoria la reforma constitucional y deseable una distribución clara de las competencias que corresponderían a cada poder, excluyendo obviamente el judicial.
En conclusión, el modelo parlamentario puede, en ocasiones como la que estamos viviendo, dar lugar a perjuicios de gobernabilidad, a la falta de representación de la voluntad real de la ciudadanía, así como a la difuminación entre los dos primeros poderes. En este sentido, el modelo semipresidencial -donde se mantendría la pervivencia del control parlamentario sobre la labor del ejecutivo- sería institucionalmente más eficiente; reflejaría mejor la realidad sociopolítica, además de dar lugar a una “efectiva” separación de poderes en el sentido de que el legislativo y el ejecutivo pudiesen cohabitar siendo ideológicamente distintos (como ocurre, por ejemplo, actualmente en EE.UU). No obstante, el establecimiento de un sistema semipresidencial también implicaría mayores costes económicos por el establecimiento de la elección ordinaria del candidato presidencial y, en su caso, por los concernientes a la segunda vuelta electoral.


sábado, 19 de marzo de 2016

¿EXISTE UN NUEVO MODELO DE ORGANIZACIÓN PARTIDISTA EN ALGUNAS FORMACIONES?
Las crisis económica e institucional, entre otras causas, han dado lugar al apogeo de una forma más abierta y transparante en lo que se refiere al funcionamiento interno de algunas organizaciones partidistas. Así, a aquellas que por su intrínseco posmaterialismo ya se caracterizaban por estos rasgos -ecologistas y liberales/libertarios- se les han sumado la 'vieja' izquierda alternativa (BNG o IU) y la 'nueva', de reciente aparición, representada, por ejemplo, por Podemos, Equo o Anova-IN.
Esta nueva tipología, que aún no ha sido bautizada, se suma a las ya habidas en distintas fases históricas -partido de notables, de masas y 'catch-all'- y convive cronológica y espacialmente con la última. Se caracteriza por la tenencia en su discurso de la búsqueda de un elevado grado de calidad democrática interna en estas formaciones, en contraposición a la 'vieja política', por un lado; y, por otro, por la posesión en la práctica, en mayor o menor medida, de estos mismos rasgos.
En este sentido, sus exponentes son: elección asamblearia de los líderes, consulta frecuente a las bases sobre temas de notable importancia, cooperación con otras fuerzas políticas próximas ideológicamente, participación de los no afiliados, crítica a los presuntos abusos y privilegios de los 'viejos' partidos y de poderosos grupos de presión, transparencia financiera, intolerancia frente a la corrupción y aprovechamiento de las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías. A estos elementos, en el caso 'indignado' podemos sumarle la difuminación ideológica. Por su parte, la izquierda alternativa 'clásica' y la 'nueva' abiertamente socialista omiten, en general, la crítica a los sindicatos.
No obstante, estos rasgos se combinan en cierta medida (más en el caso de las organizaciones partidistas cuya antigüedad es mayor) con algunos de los propios del partido profesional-electoral o 'catch-all', tales como -de acuerdo con el politólogo Josep Maria Vallès-: existencia de políticos profesionales, financiación pública, problemas de liderazgo e influencia de ciertos grupos de interés.
¿Qué factores han dado lugar al auge de esta nueva tipología de organización partidista que preconiza una mayor democracia y transparencia interna? En primer lugar, se sitúa el descrédito hacia los partidos políticos por parte de la ciudadanía -situados normalmente en los últimos puestos en diferentes encuestas de valoración de instituciones-, acentuado con la aparición de numerosos casos de corrupción o con las dificultades de estos para resolver la crisis económica. Aunque en estos sondeos la cuestión se suele formular sin hacer distinción entre partidos, la mayor parte de la gente establece una asociación entre partido 'tradicional' y mal funcionamiento de estos o con los los problemas del país.
En segundo término, a raíz de la situación económica e institucional -como antes explicábamos-, el interés de los jóvenes por la política subió 14 puntos (hasta el 41%) entre 2008 y 2015, de acuerdo con el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud; y según el CIS (septiembre de 2013), la afiliación a los partidos ha aumentado en esta década, ya sea por motivos utilitaristas o de canalización de la indignación. Si tomamos en consideración este segundo elemento y el relacionado con la juventud española, observamos un creciente interés de la ciudadanía por esta actividad. De esta forma, determinados segmentos demográficos, considerablemente críticos, ven en estas nuevas formas de hacer política una oportunidad de cambiar el actual contexto social, institucional y económico. Consecuentemente, los partidos han detectado la existencia de una importante masa 'indignada' y los más afines a esta lo han sabido o intentado aprovechar con mayor o menor suerte.
En tercer lugar, el apogeo de las TIC se ha traducido en una mayor recepción de información por parte de la ciudadanía, así como de reducción de la distancia entre militantes y personas ajenas a la participación política, en nuevas posibilidades de participación o en mayores oportunidades de conocimiento de las propuestas programáticas.
En cuarto término, el porcentaje de personas ajenas o con escasa influencia de la cultura política franquista es cada vez mayor. Así, los nacidos vivos después de 1975 eran en 2015 (con 40 ó menos años), según Population Pyramids of the World, el 23% de la población; cifra aún escasa, pero suficiente para influir en la formación de un cambio político-estructural. Además, el nivel académico de los jóvenes españoles es el más alto de la historia, según Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), al alcanzar el porcentaje del 37% de titulados universitarios en 2014. En consecuencia, se presupone un mayor espíritu crítico, así como la búsqueda de nuevas formas de hacer política, deseada por numerosos jóvenes, así como por ciudadanos pertenecientes a otros tramos demográficos, por otra parte.

Finalmente y en vista de los últimos resultados electorales, los partidos de electores todavía siguen siendo dominantes, pero su cohabitación con las organizaciones que presentan este modelo regeneracionista puede que sea cada vez mayor. Asimismo, no resultará extraño que estas organizaciones adopten cada vez más elementos de la 'nueva política', más por razones de supervivencia que de convencimiento.

miércoles, 9 de marzo de 2016

A INEFICACIA ELECTORAL DA PROBABLE DECISIÓN DO BNG
O pasado 28 de febreiro o BNG celebrou a súa XV Asamblea Nacional nun momento crucial da súa historia. Nela saíron finalmente vitoriosas as teses da UPG e MGS, forzas contrarias a pactos preelectorais con organizacións partidistas de natureza estatal. Se ben é certo que esta decisión non é aínda definitiva, todo apunta a que as chamadas 'Confluencias' máis unha parte do nacionalismo galego socialista, representada polo Bloque, acudirán novamente por separado ás urnas.
Partindo de que o proceso foi impecablemente democrático, de que os dirixentes frentistas coñecen os riscos ós que se van enfrontar e de que é plenamente lexítimo defender que nas vindeiras eleccións autonómicas haxa unha papeleta puramente nacionalista e, consecuentemente, non acudir xunto a organizacións co centro de decisión en Madrid; dende un punto de vista estrictamente resultadista electoral supón unha acción ineficaz, a priori.
Deste xeito, para que exista a posibilidade dunha alianza preelectoral, en primeiro lugar, debemos analizar os elementos ideolóxicos comúns entre o BNG e as forzas que compoñen En Marea, neste caso, máis a tipoloxía electoral. Desta forma, aparte de ser todas elas formacións de esquerda alternativa e rexeneracionistas, comparten, en termos identitarios: a defensa do dereito a decidir de Galicia, a defensa da súa lingua, dun maior autogoberno, etc.
Por outra banda, nunhas eleccións autonómicas non van existir os problemas xurídicos que viviu En Marea para conformar un grupo propio no Congreso; opción, como sabemos, finalmente frustrada.
En vista dos datos anteriores, comprendemos como, de producirse, a hipotética alianza non sería forzada. Partindo desta base, as argumentacións da posible ineficacia de ir por separado fundamántanse en tres elementos de índole electoral máis un sociolóxico:
O primeiro deles é xurídico-electoral. Así, a división en catro circunscricións máis a necesidade de superar o limiar do 5% dos sufraxios en Pontevedra e A Coruña -sendo este superior en Lugo e Ourense- dificulta o acceso ó Horreo ás formacións minoritarias.
En segundo lugar, a extrapolación dos resultados de Nós-CG do 20-D (4,32% dos votos) a unhas autonómicas deixaría ó BNG fóra do Parlamento. Consecuentemente, o gran beneficiado sería a candidatura máis votada nas catro circunscricións, que previsiblemente será o PPdeG.
Cómpre ter en conta, nese caso, que se os conservadores manteñen a Xunta, o farán co apoio de C´s, que previsiblemente obterá representación. Dito pacto –pode ocurrir, tendo en conta que a extrapolación dos resultados de decembro ás galegas daríalle 38/75 deputados ó centrodereita- podería conlevar unha maior 'españolización' de Galicia e, en consecuencia, o Bloque sería visto polas forzas do espectro galeguista e progresista como o 'culpable' político de chegar a esa situación, o que conlevaría un distanciamento aínda maior cos seus potenciais votantes.
En terceiro termo e en contraposición á hipotética circunstancia anterior, se sumamos os votos de Nós e de En Marea (25,04%) nas últimas eleccións xerais, estes obterían 8/23 escanos no Congreso. Se ben é certo que unha parte das 'Confluencias' nunca votaría ó BNG (segundo o CIS de decembro de 2015, un 15% dos seus votantes síntense máis españois que galegos ou unicamente españois) -e á inversa ocorrería con algúns militantes e simpatizantes da organización frentista respecto ás 'mareas'-, a suma estaría en torno ó 25% dos sufraxios ademais de concentrada, polo que a eficacia resultadista sería bastante maior.

En cuarto e ultimo lugar, non nos podemos esquecer que o nacionalismo galego é minoritario (14,1% da poboación, en outubro de 2012, segundo o CIS) e o independentismo aínda máis (6%, nese mesmo mes, segundo a SER). Por tanto, este segmento demográfico pode, e de feito así o demostra, sentirse cómodo ideoloxicamente con En Marea (favorecida, ademais, pola maior presenza mediática); de tal maneira que ó BNG compricaríaselle a súa supervivencia institucional na esfera supralocal.